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Ahora soy yo quién dice adiós.

Te he querido, a ratos, pero  lo he hecho. Te he añorado, siempre, y nunca has querido creerlo.
Ahora que somos menos nosotros y más tú y yo. Ahora que no hay tristeza que compartamos ni miedo del que hablar. Ahora es cuando mi corazón empieza a quitarse las espinas para que el dolor se acomode mejor entre ventrículo y ventrículo, y tú empiezas alejarte sin ninguna intención de despedirte de mi frío.
Ahora que, según tú, está todo dicho y hecho. Ahora que todos los lunes son más domingos, y Abril está desapareciendo aunque dentro de mí vive para recordarme las margaritas que deshoje. empiezas a construir un muro de hierro entre mi mano y tus labios y yo, que siempre he sido una loba herida, empiezo a gemirte al oído aunque tú ya no me escuches.
Ahora que la ausencia empieza a buscarse un hueco entre mis costillas. Ahora ni siquiera hay cuervos que me picoteen el cuello para recordarme que sigo viva. Ahora todo me parece demasiado triste como para dejar salir el nudo que se ha acomodado…

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Otra vez, menos yo, más despedidas.

El incendio que pudiste apagar y no quisiste.